Un día, sentado al borde de las estrellas, la Criatura contemplaba con gran admiración, las profundidades del mar. Sabía que una gran distancia lo separaba de las aguas azules y profundas del océano, pero no se cansaba, de mirar día tras día la puesta del sol, como si fuera un rayito de luz escondiéndose detrás una gota de agua.

La Criatura anhelaba con todas sus fuerzas sumergirse en las profundidades del oleaje azul que, agitado, movía también con violencia su propio corazón. Imaginaba con detalle cómo sería explorar el abismo inmenso de aquella masa de agua que tanta curiosidad y atracción ejercía sobre su pensamiento. Peces de colores nadando, jugando a través de las corrientes marinas, corales y arrecifes tambaleándose serenamente.

Cada día se hacía más grande su anhelo de sentir la frescura del agua, pero temía pedir al Arquitecto la posibilidad de viajar a conocer el océano. No quería pasar por ingrato o insatisfecho. Una de aquellas tardes decidido corrió hasta el lugar donde descansaba el Arquitecto para hablar con él, y al llegar no lo encontró.

A la mañana siguiente, el Arquitecto observó que la Criatura tenía una profunda tristeza en su rostro, y le preguntó – ¿sucede algo malo?,. Lla criatura, con voz tímida, levantó su rostro y respondió: deseo estar en el mar, sé que las criaturas que pertenecemos arriba no deberíamos desear los océanos, está contra nuestra propia naturaleza, somos de las estrellas. inclinándose hacia el abismo, dijo: pero, aun así, hay algo en él que llama mi corazón y no me deja en paz. El Arquitecto sonrió y se retiró pensativo.

Pasados algunos días. Ocasionalmente el Arquitecto echaba una mirada a la Criatura durante las puestas de sol, hasta que un día le dijo: Puedo concederte tu deseo, pero hay una restricción:, si decides vivir en el océano tendrías que renunciar a vivir aquí en el firmamento por toda la eternidad, sería una decisión sin retroceso, sin vuelta atrás, debes pensar bien lo que quieres hacer.

La criatura mirando el horizonte pensó por largo rato qué hacer, amaba el lugar al que pertenecía, pero no podía dejar de pensar en el océano,. Adentrarse en sus misteriosas aguas, era lo que había soñado desde siempre.. No sabía qué hacer.

El arquitecto, entendiendo lo que ocurría en el corazón de aquella Criatura buscó una segunda opción. Existe otra posibilidad para ti:, en lugar de que vivas en el mar por toda la eternidad, puedo llevarte a un lugar donde podrías contemplar de cerca las aguas del océano, incluso nadar, adentrarte en ellas, salir de él las veces que desees;, no podrías estar aquí mientras estés allá, pero te prometo que un día podrás regresar para siempre al firmamento, en algún momento se acabará el tiempo de estar allí, y regresarás a donde perteneces, de este modo tendrás la oportunidad de vivir aquello que siempre has soñado. La Criatura, conmocionada, dijo al Arquitecto: entonces quiero ir a ese lugar -. Y fue ahí cuando el Arquitecto convirtió a la criatura en «ser», lo tomó de la mano y lo condujo por el camino hacia la tierra.