Por Manuel Puig Durán Gómez

Periodista Emisora Minuto de Dios Medellín

Más allá de la elaboración Teológica y lo que el magisterio de la Iglesia nos pueda entregar sobre el nacimiento de la Virgen María, lo que me ocupa hoy en esta pequeña reflexión es pensar que toda acción de Dios en la vida humana tiene un origen, tiene un inicio.

En el Nacimiento de la Virgen María, podemos pensar que la acción de Dios tiene un propósito fundamental y es: sumarse a la realidad humana para reconstruir la historia, valiéndose del componente humano que en muchos escenarios es despreciado, que en muchos ámbitos es mal visto en una actitud desmesuradamente “divinizante”, en donde la naturaleza del ser humano es vista de menor categoría , en una errónea interpretación de la acción de Dios, que aparentemente despersonaliza y quita la capacidad de decisión y acción de los seres humanos.

Con la Virgen María, se cumple a cabalidad ese pensamiento, en tanto el misterio de la Encarnación, en dónde a todas vistas, el componente humano es tenido en cuenta para continuar el plan de salvación y confirma que Dios, en su misericordia cuenta con el ser humano.

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Otro hecho relevante, es que una mujer es tenida en cuenta desde el inicio de su vida, desde su propio nacimiento, para que luego la transformación de la realidad y la instalación de la presencia total de Dios en la vida de los hombres, se confirmara con todo el protagonismo que ha tenido la Madre de Jesús en la historia de la Salvación.

María tiene un lugar adquirido, no impuesto; María tiene una participación lógica en la confirmación del Reino de Dios y no una aparición súbita e inocente donde simplemente se le inserta en un relato, donde hacia falta una pieza; María es partícipe activa de la transformación de la mentalidad creyente y asiste como testigo de primera fila a los acontecimientos determinantes de la resolución de la historia de la presencia de Dios, para verificar y constatar el cumplimiento de todas las promesas.

María, pone el listón muy alto para todos los creyentes, en especial a las mujeres, que necesitan urgentemente protagonizar y protagonizarse, dejando de lado todas aquellas realidades o flagelos que las opacan, dejando de lado lo que no les permite ir al frente de sus proyectos.

María, pone de plano la necesidad de que las mujeres de hoy, tengan clara la visión de Dios para sus vidas para que, así como la Madre de Jesús, desde el inicio de sus vidas haya plena conciencia y haya una intención y decisión de consagrarse a Dios y su servicio.

Cuando nace una mujer, nacen dos esperanzas: la propia y perteneciente a la vida que nace, y la de todo el universo, porque cuando nace una mujer, nace un corazón que amará incansablemente a todos.

Con María y su nacimiento, celebremos hoy a esperanza del amor eterno, la esperanza de la vida que siempre triunfa.

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