Un grito unánime se cierne sobre la creación ¡Jesús Está Vivo! Y posiblemente se siente un poco difuminado este gozo, en medio de la situación especial en la que se encuentra el mundo, en la que se encuentra la humanidad.

Hablar de resurrección en tiempos de cuarentena, debe hacernos meditar en lo que realmente significa la vida y hacia donde deben estar conducida, en un tiempo pascual que también se torna atípico, pero no menos profundo.

Esta Pascua, nos reconduce a lo fundamental, la familia, la cercanía, el autocuidado y el valor por la vida. Nunca debiéramos confundir la pascua con un tiempo de excesos o de desahogo de libertad; la pascua es y ha sido siempre, la libertad, el paso de la muerte a la vida, la superación de la oscuridad del corazón que se abre para recibir la luz de Jesús.

Esta Pascua, debe ser la inspiración para entender el tiempo presente como un tiempo de resignificación de la vida, de las prioridades. Vivir Pascua, en tiempos de confinamiento, debe generar en nosotros la esperanza que recibiremos y que hoy se fortalece, inspirados en Jesús que ha vencido la oscuridad y que nos provee todas las herramientas para nosotros superar esta momento aciago, porque como Dice San Pablo Hemos sido resucitados con Él, pues con Jesús, nos reencontraremos con la vida y con lo que hemos sido, una vez pase este tiempo.

Hoy, estamos invitados a recuperar lo fundamental: los nuestros, la familia, el alimento juntos, la solidaridad, el amor, la compañía, la tolerancia, la sonrisa y el tiempo propicio para recuperar los lazos y por qué no, darle un respiro a la rutina y la repetición insensata, que nos sumerge en las rutinas.

Esta Pascua, es un tiempo para salir. Si, salir  de nosotros mismos, de nuestros planes que creíamos perfectos, de la soberbia que nos convenció de que todo lo teníamos bajo control y que conducíamos a nuestro amaño, un tiempo para salir a buscar el amor sin más reservas ni dilaciones, de servir sin descanso a los más débiles y ser los brazos de quienes están fatigados; no volveremos a ser los mismos. Saldremos de este Egipto, para tomarnos el mundo y liberarnos de las cadenas de opresión que nos afligen; no volveremos a ser los mismos, porque la gran lección de este tiempo es que lo único que tenemos es futuro para servir y amar, y que no volveremos a perder el tiempo en lo inocuo, y lo aprovecharemos para perseguir la felicidad. Esta Pascua, es un tiempo para regresar una y mil veces a Jesús

Por Manuel Puig – Durán Gómez, Periodista
Emisora Minuto de Dios Medellín 1230 am