Desde hoy jueves y hasta el sábado 20 de junio estamos toda la comunidad eudista de fiesta, celebramos tres grandes solemnidades que San Juan Eudes instauro: Hoy, Jesucristo sumo y eterno Sacerdote, el viernes Corazón de Jesús y el sábado la memoria del Corazón de la Santísima Virgen María, damos gracias a Dios por la inspiración que le dio a nuestro santo para meditar entorno al Sacerdocio real de Cristo y los corazones de Jesús y María.

La Palabra de Dios propia de está solemnidad nos describe cómo es el sacerdocio de Jesús, que va en otra línea del conocido en el Antiguo Testamento, que solo era una dedicación a realizar unas ofrendas, sacrificios y oraciones en el templo. Jesucristo es el Señor que entrega su vida, se ofrece como sacrificio, para que como lo dijo Isaías “caigan sobre Él nuestras culpas y sus cicatrices, sus heridas nos curen”

El Sacerdocio de Cristo, es una vida de servicio, de entrega, Él se ofrece como víctima para que tú y yo tengamos vida, seamos sanos, salvados, para que nuestras cicatrices, las heridas ocasionadas por el pecado sean restauradas. El sacrificio de Jesús no lo vemos solo en la cruz, toda su vida es servicio, dedicada al que está enfermo, al que necesita un aliento, una palabra de vida. ÉL se entrega por todos para recobrar la esperanza, la vida y la salvación. Celebrar por lo tal Jesucristo sumo y eterno sacerdote es vivir un sacerdocio diferente, un sacerdocio oblativo, de misericordia, de amor. Jesús es verdadero alimento, es pan de vida y sangre de salvación.

De manera especial oremos por aquellos ministros que el Señor ha llamado a este servicio en particular, el sacerdocio, para que se mantengan firmes en este llamado, fieles al servicio que el señor les encomendó, para que sean auténticos servidores, auténticos ministros del Señor, preocupados por evangelizar, por servir, por amar. Que el Señor renueve en ellos su llamado y su gracia.

También oremos por las familias, lugar de donde brotan y salen muchas vocaciones, para que nuestras familias sean renovadas, sean bendecidas.

Gracias Señor por tu sacrificio, gracias por esta Copa de salvación, gracias Señor, porque Tú eres alimento para nosotros.