La idea de escribir sobre el sentido de las derrotas, me la inspiró un músico de semáforos. Recuerdo que en una puesta de sol,  salía del Centro de Medellín,  como en un día cualquiera, como este día.

Paré en la esquina de un semáforo, en donde un hombre tocaba un saxofón. Intentaba tocar la melodía de La cucaracha, un verdadero popurrí de quienes están aprendiendo a tocar música, mas no la tocaba muy bien, a decir verdad. Fallaba en algunas notas, se le olvidaban partecitas de la canción pero nunca paraba de intentarlo. Al final, me sonrió y dijo que la única frase que dicen los campeones : la próxima vez será el triunfo.

A veces nos preocupamos tanto en librar bien una batalla en que todo salga bien, en esperar esa bendición anhelada o en el triunfo, que olvidamos el cómo para enfocarnos en el qué. Quizás lo más importante de un triunfo no es recibir un medallón, un cartoncito o una placa con las inscripciones de nuestro nombre, lo más importante verdaderamente es el aprendizaje diario para alcanzar los sueños. Dicen que el verdadero éxito no es lograrlo (de por sí) el éxito también puede ser intentarlo.

Pienso que los cristianos somos personas con propósitos que comienzan por vivir la vida como se supondría que la vivió Jesús: sin preocupaciones y con mucha fe. Pero esos propósitos pueden verse también en cada una de nuestras realidades. Por ejemplo, un cartero, una enfermera, un aviador, un artista o un ingeniero, pueden tener en cada uno de sus días un propósito, como ser cada día mejor. En la vida podemos tener sueños tan grandes, como ese viaje con el que siempre soñamos, esa casita de ensueños, la unión de la familia, o el sueño más alocado, que sé yo, pero lo elemental está en que ese sueño permee nuestros días. Tanto así, que al levantarnos, cada día, pensemos en que es un pasito más para alcanzar ese sueño, ese propósito.

El escritor siempre procura que cada escrito sea mejor que el anterior. Ciertamente, cada día puede ser mejor que el anterior. Cuando hay problemas o circunstancias retadoras, no es la vida la que es mala y tampoco es Dios el que nos olvida, somos nosotros los que hacemos que nuestra vida marche bien o marche mal. La vida es una página en blanco que llenamos con nuestro pensamiento que deriva en acciones. Así que si piensas lo mejor para ti, de seguro lo obtendrás.

Al final, “perder es ganar un poco”, si hay aprendizaje en medio de la derrota. Todos tenemos un talento grandioso, falta siempre creer en nosotros y tener fe en Dios, porque cuando perdemos, Dios hace que la próxima vez sea la vencida, como dice el campeón, según mi sencillo amigo que encontré eventualmente en un semáforo y me dijo una frase como de sabio.