La noticia de hace varios días sobre el terremoto de magnitud 7.7 al sur de la isla de Cuba, y la posterior alerta de Tsunami que se emitió para algunos países en la costa del Caribe, que luego gracias a Dios fue descartada, nos llevó a mirar que Dios también se manifiesta en las tempestades de nuestra vida.

La reflexión del padre Javier Riveros giró en torno al Evangelio de Marcos 4, 35-41

Al anochecer de aquél mismo día, Jesús dijo a sus discípulos: vamos al otro lado del lago, entonces dejaron a la gente y llevaron a Jesús en la barca en la que ya estaba, y también otras barcas lo acompañaban.

En esto se desató una tormenta, con un viento tan fuerte, que las olas caían sobre la barca de modo que se llenaba de agua. Pero Jesús se había dormido en la parte de atrás, apoyado sobre una almohada. Lo despertaron y le dijeron: ¡Maestro! ¿no te importa que nos estemos hundiendo? Jesús se levantó y dio una orden al viento y dijo al mar: Silencio, quédate quieto. El viento se calmó y todo quedo completamente tranquilo.

Después dijo Jesús a los discípulos: ¿por qué están asustados? ¿todavía no tienen fe? Ellos se llenaron de miedo y se preguntaban unos a otros: ¿quién será este que hasta el viento y el mar lo obedecen?

Jesús nos invita a llevar la Buena Nueva: El mensaje de su amor se tiene que compartir con todo el mundo, por eso nos llama para extender la evangelización a otras personas, a otros lugares, nos lleva “al otro lado del lago”.

Tormenta, el mal en nuestra vida: la tempestad simboliza el mal en nuestra vida, la oposición cuando queremos hacer la voluntad de Dios en nuestra vida.

Jesús en nuestra barca: la garantía para vencer la tormenta es que Jesús está con nosotros, con Él venceremos, si vamos con Él nada malo sucederá.

Los buenos propósitos desatan las tempestades: los cambios profundos en nuestra vida, en nuestra humanidad nos mueven los cimientos; al igual que pasa con el suelo cuando hay un temblor, pero aun así debe vencer la fe, el amor y la conversión.

El día que Jesús murió hubo un temblor, se movieron los cimientos, esto para significar la un cambio en la humanidad, un cambio en el orden de las cosas, un cambio que llamaba al ser humano, que a partir de la cruz de Jesucristo, dejará de odiar, pecar, dejará de hacer el mal y comenzará a vivir la propuesta de Jesús, el reino de Jesús.

¿Jesús está dormido?: Esta representación, debemos verla con la percepción de su acción en nuestra vida. Quizás tenemos a Jesús dormido, se nos olvida que Él está presente, de pronto no escuchamos su voz, o no se hace sentir de una manera extraordinaria. Pero Él está ahí con nosotros, nunca pienses que a Dios no le importa que te estés hundiendo. “Es imposible que nos hundamos cuando Dios nos ha mandado a hacer algo, se pueden levantar tormentas o tempestades, pero Jesús va ahí contigo”

La autoridad de Dios frente a las fuerzas del mal: Con la sola palabra se mostró la autoridad de Jesús sobre el mal, simbolizado en el mar. Él ordenó al viento y mar: silencio y quédate quieto, y esto basto para que todo quedara en calma y tranquilo.

¿Ustedes por qué están asustados? ¿Todavía no tienen fe?  El miedo y la falta de fe nos pueden llevar al fracaso, son nuestros grandes enemigos, más que la misma tempestad. Pensar que ese mal es más fuerte que Dios. “Dios es más grande que toda tempestad” “para Dios nada es imposible”

¿Quién será este que hasta el viento y el mar le obedecen? Dios es el único que domina el viento y el mar. Todo en nuestra vida le obedece a Dios. El Señor será tu luz y salvación, Él no te dejará hundir.