Autor: Luis Fernando González Gaviria, Teólogo Escuela Didajé, Minuto de Dios Medellín.

Una de las proyecciones que más ha hecho carrera de manera acelerada en nuestras sociedades son los superhéroes. Querer ser como los grandes salvadores de la pantalla grande, genera cierta esperanza para lidiar con esta realidad dolorosa y traumática. Ser más que humanos parece una opción muy altruista, pero al mismo tiempo, hace que perdamos nuestra identidad originaria hipotecando lo que somos. Parece que hoy es mejor acudir a las mejoras fascinantes que asumir radicalmente la vida.

Esta realidad atrayente se llama transhumanismo, que en palabras del doctor Nick Bostrom significa: “Movimiento cultural, intelectual y científico, que afirma el deber moral de mejorar las capacidades físicas y cognitivas de la especie humana, y de aplicar al hombre las nuevas tecnologías, para que se puedan eliminar aspectos no deseados y no necesarios de la condición humana, como son: sufrimiento, enfermedad, envejecimiento y mortalidad”. Cuando nos acercamos a la figura de los superhéroes, vemos que detrás se esconde una obsesión por superar los últimos cuatro elementos que van configurando la amplitud de lo humano.

Ahora, ¿Es tan desagradable ser humano? ¿Es acaso una condición miserable que necesita ser superada? ¿Los pretextos de mejora no esconden una falacia mercantilista? Hacer un esfuerzo de largo aliento para migrar a una existencia transhumana, implica todo un trauma existencial, pues nos roba la posibilidad de asumir y vivir lo que somos. Parece que ha quedado grande optar por esta condición a plenitud, prueba de ello es que el nuevo mesías, la tecnología, viene a salvarnos. Asumir nuestra condición, lejos de ser un choque con la frontera epidérmica, es toda una posibilidad de infinito revelada en nuestra carne.

Hoy parece que un superhéroe plenamente humano es todo un absurdo. Sería una locura pensarlo sin poderes, sin armas, sin belleza, sin fuerza y en nuestra sociedad hipercapitalista, sin dinero y riquezas. La antítesis de esta imagen de superhéroe existe, uno que ha sido capaz de asumir por entero su humanidad y que la lleva con orgulloso hasta el final: el Chapulín Colorado.

Cuando nos detenemos a analizar este personaje, podemos captar las finas acciones de un ser humano, uno que es capaz en sus actos de darnos una gran lección para esta hora de la historia. El Chapulín es frágil, miedoso, vulnerable, quebradizo, torpe. Una síntesis simple de lo que es puede ser esta: “más ágil que una tortuga. Más fuerte que un ratón. Más noble que una lechuga. Su escudo es un corazón”. Este humano sencillo, que supera infinitamente la hechura transhumana, nos enseña que un auténtico héroe está a la altura de los demás, no por encima de ellos.

Algunas características que hacen grande a este héroe y que nos pueden servir de reconfiguración antropológica hoy son las siguientes: 1. Siempre está cuando se le necesita. La necesidad del otro y su llamado de auxilio rompen la sordera y el egoísmo. El Chapulín siempre está dispuesto a ayudar, no hace alarde de grandes cosas, su presencia permite un apoyo para el necesitado. 2. Permanece fiel hasta el final. Ante las situaciones críticas que se le puedan presentar, no se va, no huye, no abandona. La fidelidad la entiende como un compromiso serio de donación al otro. 3. No se las sabe todas. Se entiende dentro de un proceso de aprendizaje que también lo enriquece. Es capaz de abrir su vida a una enseñanza constante que no le tiene vergüenza a la ignorancia. 4. Siente miedo. Esta es su característica más humana, pues el temor natural de toda persona, lo lleva a solidarizarse y a entender al otro en su situación de pánico. 5. Se muestra en su autenticidad. Sus palabras, sus actos y su figura lo llevan a exponerse como es. No necesita maquillaje ni postizos, se acepta y desde allí se da. 6. Sabe trabajar con el otro. Para llegar a soluciones acertadas siempre cuenta con los que tiene cerca. Es una clara renuncia a la autosuficiencia y al protagonismo, que le permiten ser libre por un bien común. 7. Tiene una palabra de ánimo. Incluso en las peores circunstancias la palabra de sus labios conforta y regala una sonrisa. Su palabra expresa una realidad más profunda que capta una visión aguda de la realidad.

El Chapulín Colorado es un grito a la sociedad de nuestro tiempo, tan narcotizada con la indiferencia y el egoísmo. En la simpleza de sus acciones nos recuerda que todos tenemos la capacidad de ser héroes desde la cotidianidad de nuestra existencia. No es haciendo cosas extravagantes, ni queriendo abandonar nuestra condición humana como salvaremos el tejido social herido. Antes bien, asumiendo con total radicalidad lo que somos, pasaremos de hacer elucubraciones antropológicas a principios de acción claros y contundentes. Es hora de pasar de superhéroes a humanos. Volvamos juntos a reconocernos como hermanos de camino para sacudir al mundo con este grito: ¡Síganme los buenos!