Hoy es el segundo día de este gran triduo eudista, propuesto por San Juan Eudes y celebramos el Divino Corazón de Jesús, una gran fiesta que llega al corazón de los hijos de Dios. 

Este triduo está conformado por tres fiestas, ayer celebrábamos a Jesucristo como sumo y eterno Sacerdote, hoy la fiesta del Corazón de Jesús, y mañana el corazón de María.  

San Juan Eudes nos habla de tres corazones de Jesús:  

En primer lugar, nos habla del Corazón en la intimidad de la Trinidad Santa: que es puro amor. Esta es la certeza más grande que podemos tener todos los creyentes “Dios es amor” y ese amor viene del Padre, del hijo y del Espíritu y es el amor que ha sido derramado en nuestros corazones.  

El segundo lo llama el Corazón espiritual de Jesús: Lugar donde el Espíritu Santo vive y reina en el alma de cada persona, pero de manera particular en Jesús, es el Paráclito viviendo y reinando en la persona y el ser integro de Jesús. Es el mismo Espíritu de amor y poder que nosotros recibimos en nuestro propio corazón.  

El tercer corazón es el corporal, físico: aquel que fue traspasado por la lanza y que de él broto sangre y agua. Agua que bautiza, que renueva, que hace todo novedoso por la acción del Espíritu Santo, y sangre que nos recuerda la Eucaristía. De aquí nace la devoción al Divino Corazón de Jesús.  

Hoy celebramos el amor de Dios, y sucede porque el Señor se enamoró de ustedes, como nos lo describía Deuteronomio en la primera Lectura de hoy. Este es el sentido profundo del corazón de Jesús, un Dios que se enamora profundamente de su pueblo, Él nos eligió.  

Ser amantes del corazón de Jesús es ser continuadores de estas palabras: por puro amor, porque de Dios no sale nada distinto, y por puro amor también se nos dio la gracia del Espíritu Santo, ese gran poder que habita en cada uno de nosotros y nos permite hacer algo que por nuestras propias fuerzas no podemos realizar: “amar más allá de nosotros mismos” que fue lo que Él hizo en nosotros, hasta el punto de dar su vida por nosotros y darnos vida,  vida eterna, en abundancia.  

San Juan Eudes dice que el Corazón de Jesús es hoguera de amor, un corazón en fuego, encendido. Es la fuerza de gracia, poder y puro amor, que nos llena y nos transforma, que nos hace personas nuevas. Nos permite amar, pero no con nuestras fuerzas, no con nuestro amor limitado, sino con un amor grande, que se acerca y nos llena. 

El señor hoy nos dice venid a mí todos los que están cansados y agobiados, y seguramente todos estamos así por las diferentes circunstancias, el Señor nos llama y nos dice vengan a Mí que soy manso y humilde de corazón. Hoy Jesús nos invita a su corazón, que es puro amor por cada uno de nosotros, hoy podemos descansar en ese corazón. 

Pidamos a ese Corazón que nos ayude, nos acompañe y nos sostenga.